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La soledad de Birmania

 

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Birmania, cuyo nombre cambió al de Myanmar por orden de la actual junta militar, es un país del sudeste asiático de unos 50 millones de habitantes. Limita con India, China, Thailandia, Laos y Bangladesh. Tiene acceso al Oceáno Índico así como varios archipiélagos de islas bajo su soberanía territorial.

La importancia estratégica de Birmania no sólo se debe a su situación geográfica, sino que también es un país con grandes reservas naturales. Contiene el 70% de las reservas mundiales de madera de teka, así como bolsas de energías fósiles y una importante minería de piedras preciosas.

Con un pasado marcado por la presencia de imponentes reinados, la historia de Birmania está plagada de numerosas guerras tanto con sus vecinos tradicionales como con potencias coloniales occidentales.  A las campañas contra los invasores portugueses en el siglo XVII les seguirían las dos guerras contra el imperio colonial británico a partir del siglo XIX. Después que los británicos derrotaran a los Birmanos, se inauguró una era colonial que duraría desde 1886 hasta 1948, fecha de la moderna independencia de Birmania.

Los británicos ejercieron una política de explotación de recursos naturales así como de graves ofensas a los modos de vida birmanos. Los numerosos episodios de saqueo y de quema de poblaciones locales se juntaban con los fusilamientos masivos. El escritor Rudyard Kipling, autor del famoso "Libro de la Selva" es también conocido como un testimonio famoso de los desmanes británicos en Birmania durante su gobierno colonial.

 

Independencia

Los movimientos de independencia de Birmania respecto a los británicos fructificarían completamente después de la Segunda Guerra Mundial. Diversos personajes adscritos al socialismo unirían al complejo mosaico étnico y social Birmano, y en 1948 la nación se proclama una República independiente.

ausang Uno de los personajes más relevantes fue el General Au Sang, verdadero héroe nacional que acabaría siendo asesinado en 1947 por sus rivales en un ambiente de intrigas políticas. 

Se instaura entonces un régimen democrático que finaliza en 1962, cuando el general Ne Win lidera un golpe de estado imponiendo un régimen militar y dictatorial que durará 26 años, hasta 1988.  En todo ese tiempo, el país permanecerá aislado y hermético al exterior.

Ne Win establecerá una política interna de carácter dictatorial, bajo el nombre de "vía birmana al socialismo" suprimiendo los derechos civiles e instaurando un régimen de terror que incluirá la tortura, los trabajos forzados y la existencia de cárceles secretas. La habilidad de Ne Win para aprovechar la situación estratégica de su país hará que la comunidad internacional permanezca muda respecto a Birmania durante décadas, observándola como una especie de "mal menor". Tras las violentas represiones de 1974 contra la población civil, muchos birmanos se exilian al extranjero y a la vecina Thailandia, con quien existirán tensas relaciones fronterizas y escaramuzas militares durante muchos años.

Thailandia ha sido también el poso más importante de oposición extranjera al régimen. El gobierno Thailandés por su parte  ha mantenido una política de precacución respecto al régimen Birmano. En la práctica, ambos gobiernos han mantenido diferencias y tensiones fronterizas, si bien en los últimos años se han firmado grandes acuerdos de cooperación económica especialmente en el sector energético.

 

Aung San Suu Kyi

En 1988, la corrupción y la opresión política del gobierno lleva a la población a nuevas manifestaciones. Cientos de manifestantes son masacrados por el ejército, y Birmania salta a la actualidad mundial. El general Saw Maung lidera entonces un golpe de estado que instaura la ley marcial.

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Al mismo tiempo se realizan planes para unas elecciones en 1989.  En 1990 el gobierno permite las elecciones libres despues de 30 años. Aung San Suu Kyi, hija del héroe nacional Au Sang, encabeza el partido "Liga Nacional por la Democracia" con el cual consigue 392 de los 489 escaños.  Pero a pesar de esta aplastante mayoría, las elecciones son rechazadas por la junta militar. Aung San Suu Kyi es puesta en arresto domiciliario y su partido es declarado ilegal.  Diversas manifestaciones son reprimidas con severidad y de nuevo numerosas personas son detenidas y torturadas.

La líder opositora sufre aparentes intentos de envenamiento y es aislada del exterior. Obtiene el Premio Nóbel de la  Paz en 1991 lo que ayuda a protegerla en buena medida. Opta por renunciar a exiliarse para no legitimar a la junta militar. Ésta por su parte, le niega visitas de familiares y de su propio marido, quien muere en el exterior sin poderla ver.

A partir de 1992, el general Than Shwe se pone al frente de la junta militar. Su acción de gobierno no difiere de la de su predecesor, imponiendo el control estricto de la sociedad civil. A la vez, la clase militar se convierte ya plenamente en la élite económica del país. Siendo uno de los países más corruptos del mundo, la riqueza de la clase militar contrasta con la pobreza y desnutrición de las clases populares.

 

Una sociedad injusta

Desde que la junta militar permitiera la entrada de extranjeros y de divisas, aquellos que hayan visitado Birmania alguna vez ya deben tener una idea de la situación del país. Las calles destartaladas están llenas de una población amable pero empobrecida y con semblante triste. La gente apenas tiene conocimiento de qué pasa en el exterior con unos medios de comunicación totalmente controlados. Internet escasea en las principales ciudades como Rangún, y cuando existe pasa siempre por los proxies (pasarelas de información) de las autoridades militares.

Los familiares de las clases militares son fáciles de identificar en las barras de los hoteles de lujo. Su sobrepeso resulta extraño en un país con déficits de alimentación y en donde todo el mundo está delgado. La presencia de los ejecutivos occidentales y orientales también ha sido creciente en estos últimos años. A pesar de su aislamiento, Myanmar ha sido un buen sitio para hacer negocios mediante el soborno y la corrupción. Esto ha provocado que haya sido un enclave proclive para que algunos gobiernos escondan algunas miserias así cómo a personajes incómodos.

Todo esto, sumado a la importante situación estratégica en el mapa, ha ocasionado el olvido intencionado de la comunidad internacional.  Tras décadas de injusticia los birmanos se siente olvidados del resto del mundo, y muchos de ellos dudan de qué algún día alguien les pueda ayudar. 

 

El papel de los monjes budistas

Las protestas en Birmania siempre han estado presentes desde que los militares tuvieran la tendencia a apropiarse del poder. En este escueto resúmen de su historia ya se ha explicado que han existido desde los años 60. El descontento de la población con sus gobernantes corruptos no es nuevo, a lo cual el régimen responde con mano de hierro.  Las detenciones y torturas son cotidianas en Birmania, y las cárceles birmanas no permiten la entrada a la Cruz Roja y ni siquiera se saben cuantas son ni dónde están exactamente. Los controles militares, omnipresentes en las calles de las ciudades y las carreteras locales, causan el miedo en los rostros de los civiles, algo que cualquiera que haya estado allí habrá podido atestiguar.

ausangEn este clima político y social, la religión juega un papel fundamental. El budismo está totalmente enraizado no sólo en los modos sociales de los birmanos sinó también en la legitimación histórica del poder político. Los Sangharaja o representantes del budismo ante los reyes birmanos eran a su vez consejeros de Estado. La falta de reconocimiento de un Sangharaja implicaba que un Rey no estaba legitimado moralmente para serlo. Durante las últimas décadas, el budismo birmano ha mantenido una actitud de no enfrentamiento con los militares, aunque por otro lado su apoyo a la población ha sido total. Esta delicada situación se ha roto ante la agresión de algunos militares a monjes budistas el 15 de Agosto del 2007. 

Los monjes decidieron entonces manifestarse con los cuencos de limosna boca abajo. Este acto de incomunicación (Patam nikkujjana kamma) tiene su precedente en el Canon Pali, el compendio de escrituras sagradas del budismo. Siendo algo excepcional, se aplica a un laico cuando éste ha traicionado la relación con los monjes.  Esta relación en sociedad es de hecho sencilla y se basa en la cooperación: el monje vive en austeridad y sin posesiones, y recibe limosnas de los laicos para su sustento. A cambio, cuída de ellos en la faceta espiritual y en las de salud y educación si se requiere.  Los laicos están obligados al respeto a los monjes, a quienes ni siquiera deben tocar físicamente. Del mismo modo, los monjes están obligados al respeto a los laicos manteniendo en todo momento una conducta ejemplar que observe sus votos de disciplina. Esta relación ha sido fructífera en las sociedades budistas de Asia, y de ahí el alto respeto que la población birmana guarda con sus monjes. De este modo, la agresión a un monje se considera una acción totalmente injustificable y una agresión a la propia normativa social.

Los monjes decidieron inicialmente liderar las manifestaciones para proteger a los civiles de una masacre como la de 1988, incitándoles a no protagonizar las mismas en los primeros días.   Pero el esperado diálogo o disculpas por parte de la junta militar no se ha producido. Esta negativa a cualquier diálogo ha prolongado los disturbios, en donde centenares de personas, tanto monjes como civiles, están siendo asesinados. Los detenidos se cuentan también por centenares, siendo la cifra exacta imposible de determinar.

 

Intereses creados

mapaLas denuncias de ONG's como Anmistía Internacional han sido muchas en el pasado, pero hasta ahora la comunidad internacional ha hecho oídos sordos a la situación de la población, considerando que el gobierno militar birmano atendía a un equilibrio estratégico deseado por países occidentales y asiáticos. Se podría pensar que un nuevo impulso de humanidad está guiando este nuevo apoyo de algunos gobiernos occidentales, pero esto sería bastante ingenuo. Algunos países como Noruega han dispensado un largo apoyo a la restauración de la democracia en Birmania, pero esto ha sido la excepción.

Para comprender este cambio de postura, se debe también observar la nueva situación mundial. Actualmente, el centro geopolítico del mundo se ha desplazado hacia el Pacífico, y por lo tanto era sólo cuestion de tiempo que algunos países repensaran su posición sobre Birmania. El sector de la energía se ha vuelto el más crucial en las estrategias nacionales y comerciales para los próximos años. Las incertezas respecto a la progresión del cambio climático y sus efectos, así como el desarrollo de las potencias asiáticas emergentes, hacen que todos los países quieran asegurarse el negocio y el suministro.

Actualmente, unas 15 compañías de peso (ver lista de abajo) están trabajando en la extracción y prospecciones energéticas en Myanmar. La junta militar se ha visto obligada a ir favoreciendo progresivamente a sus vecinos asiáticos respecto a las potencias occidentales para garantizarasí su propia supervivencia. De este modo, países como China, India, Thailandia o Malasia se muestran ahora reticentes a favorecer una resolución en las Naciones Unidas ante las actuales revueltas. Sin duda están temiendo que un posible cambio político pueda beneficiar a Estados Unidos, Reino Unido y Francia, que son los países que insisten ahora en los cambios políticos.   Por este motivo, diversos analistas consideran que es la ASEAN (Asociación de Naciones del Sureste Asiático) el foro que realmente abriría la puerta una solución para Birmania en las Naciones Unidas.